domingo, 19 de agosto de 2012

Trazos y trozos XXXIII

Buenos días!
Y un domingo más, ya estamos aquí. Os presentamos el trigésimo tercer trozo de una historia acompañado del trigésimo tercer trazo que la completa. Disfrutadlo.


MOTEL DE CARRETERA

Era el turno de noche. Tenía que hacerlo tres veces por semana, y la recepción de un motel de carretera es un lugar muy aburrido. Excepto aquella noche. A eso de la una de la madrugada entraron cuatro tipos muy bien vestidos. Creo que eran italianos. Traje oscuro, gafas oscuras y sombrero. Iban con otro tipo. Debía de ir muy borracho, porque lo tenían que llevar en brazos entre dos de ellos. Pero este no iba trajeado. Más bien iba hecho un adefesio. Incluso me pareció verle un ojo morado. 

Se registraron con nombres evidentemente falsos. En aquel motel no ofrecíamos desayuno, ni servicio de habitaciones, ni siendo sinceros, una higiene digna, así que no éramos en absoluto exigentes con los formalismos. Dieron cinco nombres y cinco números de teléfono sin presentar acreditación alguna. Les entregué la llave, y se fueron a su habitación. Una habitación sencilla, barata, sin vistas y con una sola cama.

Pronto pusieron la música a todo volumen. El motel estaba casi vacío, así que no me molesté en acudir a pedirles silencio. Que disfruten, pensé. Menuda fiesta estaban montando… Aún con la música, a menudo se oían golpes y gritos que provenían de la habitación.

Por lo demás, la noche transcurrió tranquila. A eso de las seis de la mañana, relajado en mi butaca, contemplé que tan solo quedaba una hora para que acabara mi turno. Pensé, divertido, que me gustaría ver la cara de panoli que se le quedaría a mi compañero cuando tuviese que ir a despertar al quinto, al más borracho, a la mañana siguiente para pedirle que abandonase la habitación, ya que hacía más o menos una hora que había visto a los cuatro italianos trajeados salir de su habitación con dos bolsas de basura cada uno, chorreando un pringue oscuro de todas ellas.






Trazos y trozos XXXIII
"Motel de carretera"
texto: Álvaro Chico Gómez
ilustración: Marta Jiménez Martín

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